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Publicado hace 5 meses

Entrada 01: Cambiando el chip…

Hoy toca, una vez más, revisión de piezas.

A pesar de que el protocolo lo aconseja una vez al año, estos últimos meses he tenido que realizar el chequeo de hardware un total de cinco veces. Del software prefiero no hablar todavía, que con ese tema tengo varios quebraderos de procesos.

El caso es que a pesar de que todos los elementos de mi mecánica funcionan de forma correcta y se encuentran dentro de los niveles de desgaste aconsejados en mi manual de instrucciones, ninguna de las revisiones ha sido plenamente satisfactoria. Pero hoy por fin creo que hoy he dado con el problema raíz; el chip.

Después de mucho investigar e informarme, me he dado cuenta de que tengo que cambiarme el chip de actuación y ejecución de procesos racionales y cognitivos. Deshechar el que hasta ahora llevaba y pasar a la versión 3.0, que según rezan sus especificaciones técnicas; “a pesar de que por ahora seguirá funcionando con la versión 2.0 del software, le da la posibilidad al usuario de generar procesos de nivel 3.0 altamente creativos y diferenciados del resto”. Un desembolso importante pero que estimo necesario en estos tiempos que corren.

Una vez instalado correctamente noto algo extraño… distinto. Mis bytes de datos me envían mensajes sueltos, inconexos, que no logro descifrar… experiencia de usuario, viviencias, usabilidad, diferenciación, realidad interactiva, nuevos soportes… no me explico que es lo que ocurre… defragmentaré mi disco para tratar de ordenar toda esa información y os comentaré algo al respecto en cuanto pueda.

Publicado hace 5 meses

Entrada 00: Arrancando motores…

Tras varias semanas notando algo extraño moviéndose dentro de mi, me decido a poner en marcha el protocolo de seguridad; invierto mis ojos dirección a mi cerebro y activo el modo “escáner interno” tal y como dice mi manual de instrucciones para estos casos. Fue justo en ese momento cuando me di cuenta de lo que sucedía; eso que no paraba de dar vueltas por mi masa encefálica era un gusanillo. Por lo que parecía el tío se reía y se le veía nervioso… más bien ansioso… fue entonces cuando lo entendí. Lo que quería era salir, escapar.

Casi tres días después logré que confiara en mí y saliera a través de una de mis ideas vía conexión wifi, materializándose sobre mi mesa con la forma de una de esas galletitas de la suerte que tienen un pequeño mensaje dentro. No lo dudé y la abrí, aunque el contenido me sorprendió. El texto exacto del mensaje era el siguiente:

“Coge todas aquellas noticias, impresiones, ideas, recursos, campañas y curiosidades relacionados con el marketing y la publicidad que sean degustadas y procesadas por tu maquinaria cerebral y comparte con los demás tu digestión. No seas egoísta. Crea un blog”.

Justo en ese instante, las letras del mensaje subieron flotando hacia el techo de la habitación convirtiéndose en fuegos artificiales. Fue extraño, casi diría que paranormal, pero en lugar de coger el móvil para sacarle una foto y enviársela a Iker Jiménez, decidí que quizás (y sólo quizás), lo del blog podría no ser tan mala idea… acto seguido abrí mi manual de instrucciones justo por la página ciento cuarenta y tres cuyo epígrafe rezaba “Cómo activar los procesos creativos”.

Tras la puesta en marcha y una vez comprobado que todos los niveles cerebrales se encontraban a pleno rendimiento, entrelacé los dedos, los chasqueé y comencé a escribir lo siguiente en el apartado donde ponía título: “Arrancando motores…”